En muchas cocinas españolas había un calendario que nadie había comprado. Lo regalaba por Navidad la carnicería del barrio, el taller o la farmacia, y se quedaba colgado junto a la nevera todo el año, con el nombre del negocio a la vista cada vez que alguien buscaba una fecha. Si te preguntas cómo hacer un calendario que se gane ese sitio en la pared, empieza por los que ya lo consiguieron. Y si quieres saber por qué es un regalo tan bueno, lee por qué los calendarios impresos son el regalo que dura todo el año.
Por qué el calendario regalado nunca se descuelga
Los calendarios de los comercios de barrio son casi una tradición. Llegaban con la compra de diciembre, a veces en tamaño pared y a veces en versión de bolsillo, para llevar en la cartera todo el año. Muchos de aquellos calendarios antiguos se coleccionan hoy, y no es casualidad: eran pequeñas piezas de diseño con el nombre de la tienda bien visible.
El secreto es sencillo. Se usaban cada día, para apuntar una cita, contar los días hasta las vacaciones o comprobar en qué día caía la Semana Santa. Eran lo bastante bonitos como para no cambiarlos, y todo el mundo sabía quién los había regalado. Un logo solo no aguanta un año entero.
Empieza por el sitio donde va a estar
Antes de pensar en las fotos, piensa en el sitio. Un calendario que no encaja en su lugar acaba en un cajón.
En la cocina o en el taller, un calendario de pared con una foto grande cada mes habla por sí solo.
En una mesa de oficina, un calendario de mesa se sostiene solo, justo al lado del teclado.
En el mostrador o en la recepción, un calendario plegable se convierte en una pequeña pirámide y no se mueve.
Para quien le gusta planificar, un calendario de tres meses con memo muestra tres meses de un vistazo, con espacio para apuntar.
En la pared de la oficina, donde todo el equipo mira sus plazos, un planificador anual reúne los doce meses en una sola hoja.
Y para la cartera, como los de toda la vida, están los calendarios de bolsillo.
Cómo hacer un calendario en seis pasos
Con el sitio claro, el resto sale casi solo:
Elige un tema para los doce meses, para que el calendario cuente una historia en vez de juntar doce fotos sueltas.
Añade tú las fechas. Los meses y los días no se imprimen automáticamente, tienen que ir en tu diseño, y con una plantilla te ahorras mucho trabajo.
Marca las fechas que importan a tus clientes: festivos de tu comunidad, horarios de Navidad, la semana de rebajas.
Logo pequeño y fotos grandes. La gente guarda los calendarios que le gusta mirar, no los anuncios.
Revisa bien la prueba digital antes de imprimir, sobre todo las fechas. Un febrero de 30 días no se le escapa a nadie.
Prepáralo en octubre o noviembre, para poder regalarlo en diciembre, antes de que todo el mundo tenga ya el suyo.
Cómo hacer un calendario personalizado que da gusto mirar
¿No sabes por dónde empezar? Estas ideas funcionan para casi cualquier negocio y en todos nuestros calendarios personalizados:
Tu equipo, una persona por mes, fotografiada en un lugar que diga algo de ella.
Tus productos a lo largo del año, de una foto con escarcha en enero a una a pleno sol en julio.
Rincones de tu ciudad, vistos por un fotógrafo local.
Un consejo al mes de tu oficio, como la revisión de invierno del taller o el calendario de siembra de la floristera. Ideal en un calendario de mesa, que se lee de cerca.
Una receta al mes, si tienes un bar o un restaurante.
Fotos de tus clientes, con su permiso, para que se encuentren en la pared.
Ilustraciones de un artista local, que convierten el calendario en algo que da pena tirar.
El toque final
No te limites a enviarlo. Si puedes, entrégalo en mano, como hacía la carnicería del barrio, o añade una nota escrita a mano. Un calendario que llega con un gracias se cuelga con buen recuerdo, y ese recuerdo vuelve cada día durante doce meses. Y si ya estás preparando el final de año, nuestras ideas para calendario de adviento te pueden dar alguna más.



